05.18.08
Un pingüino en Moby Dick
Madrid, España
Moby Dick celebró por lo alto su cumpleaños número 16, con una serie de conciertos de distintos géneros. Esta noche es el turno del dueto madrileño: Un pingüino en mi ascensor. Afuera hay una enorme fila esperando entrar, los asistentes esperan ansiosos enfundados en sus finos trajes, al parecer muchos vienen directo de la oficina.
Moby Dick es un local pequeño y, como es natural, después de una hora de hacer fila se le informa a la gente que no cabe nadie más, así que quienes no tienen boleto, pues a su casa.
Los pinwino suben al escenario y abordo de sus naves rojo UF-7 y Roland Juno simplemente dan inicio a una divertidísima velada. En un evento de naturaleza similar existe un inicio, una especie de calentamiento, clímax y fin del asunto.
A riesgo de parecer exagerada, he de decir que con sólo salir y comenzar a tocar, Un pingüino en mi ascensor han vuelto loco a su treintañero público en un santiamén.
La verdad es que el inicio fue tan intenso que ni me enteré de cuáles fueron las dos primeras canciones pero siguieron: “Veo gaitas”, “Mi café”, “He-man y Barbie”, “Otro brick de Don Simón” (twisted version de “The Wall”), “Secuestrado por tu amor” (twisted version de los Rolling Stones) y a continuación: “Me compré una vespa para parecer un Mod pero parezco un pijo”, “Óscar”, “Perestroika”, “Si yo fuera poeta” (que es un himno piromaniaco) donde José Luis reparte encendedores que trajo en una bolsita de plástico. Después de tanto salto, los pinwinos se retiran del escenario, pero sólo para volver con “Atrapados en el ascensor” y “El sangriento final del Señor Jones”.
Moby Dick está a reventar y aquellos que parecían tan formalitos, e incluso fresas, allá en la fila, están literalmente fuera de control, todos coreando los clásicos pinwino remasterizados, brincando como poseídos y quien pensara que los pingüino están fuera de onda, pues se equivoca.
Seguimos perdiendo la razón en el segundo encore -¡sí señores, cambios de ropa incluidos!- con la muy pedida “En la variedad está la diversión” y el clásico de clásicos (al menos en México) “Foie grass, Foie grass”, o sea “Vuela, vuela” (¿alguien recuerda a los ñoños de plástico llamados Magneto?) cuyo nombre original en francés era “Voyage, voyage”.
Un recorrido por mas de 20 años de trayectoria que respalda a los inquietos pinwinos que siguen creando versiones bizarras de sus canciones favoritas, mas allá de tendencias y mercados musicales.
Y para los alocados fans del dueto, aún queda un tercer encore donde Mario (pingüino mayor) y José Luis Moro (supremo cantante) interpretan una canción del anterior grupo de Mario (Paraíso) y Makoki.
Al final queda Moby Dick en una especie de after-cabaña-loca repleta de enanos drogados, disco ball incluida.
fotos: Rebeca Martell
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