Alicia y los senderos que se bifurcan

Es el año de las secuelas, y de ellas podemos encontrar realmente pocas que rescaten con dignidad su esencia como una entidad propia, y no como un simple capricho millonario para recaudar en taquilla.

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Alice Through The Looking Glass es secuencial al film de 2010 Alice in Wonderland, que otorgó a la empresa del ratón Miguelito la nada despreciable cantidad de 1 billón de dólares. 6 años después, llega la continuación, con una escasa variación en los papeles protagónicos, Mia Wasikowska (Alice), Johnny Depp (Sombrerero), Helena Bonham Carter (Reina Roja) y Anne Hathaway (Reina Blanca) vuelven, acompañados por el ácido Sacha Baron Cohen (Tiempo).

Firmada por James Bobin (The Muppets) en la dirección y Tim Burton en la producción, podemos contar a  Alice Through The Looking Glass como uno de los pocos casos en que las secuelas viven fuera de la sombra de su predecesor.

Alicia no es más una chica burguesa. La ahora capitana del Maravillas, llega a tierra para dar cuenta de su larga expedición por el mundo, en espera de recibir más patrocinio para seguir su odisea. Sin embargo el apoyo no llegará, ya que a la muerte de su mecenas Alicia deberá entregar su nave, a cambio de que su madre pueda conservar su casa. En una disputa entre lo que es bueno para su familia, y lo que desea, Alicia seguirá a su amigo Absolem (con la voz del fallecido Alan Rickman), quien le advierte que su ausencia ha pesado gravemente en el Sombrerero. Con el tiempo encima, Alicia deberá quebrar algunas normas y realizar algunos imposibles, con tal de salvar a su mejor amigo, y a toda infraterra.

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La trama en apariencia no es sencilla, pero su desarrollo permite que el espectador joven pueda apreciar el sentido del viaje de Alicia a través de los diversos conflictos que se presentan. Si bien las actuaciones se perciben un tanto forzadas o faltas de afecto (el efecto contrato), los conceptos de tiempo, continuidad y trascendencia le otorgan al film un carácter maduro y exigente a la hora de enlazar ideas, poniendo en la mesa elementos e implicaciones como la inalterabilidad del pasado, la percepción del tiempo y la funcionalidad de una máquina del tiempo navegante; la cronoesfera.

Esta secuela es en realidad mucho más propositiva que la primera parte, algo que se agradece de sobremanera.

Con momentos divertidos, frases conmovedoras con dejos motivacionales (o ligeramente aleccionadores, que en realidad son inofensivos), y una exploración muy fresca de los personajes que ya conocemos, o creíamos conocer, Alice es una gran alternativa familiar. La ausencia de un verdadero antagonista le suma a este film, que se nutre además con una destacada participación de Sacha Baron Cohen como El Tiempo.

También agrada encontrar un cambio sustancial en la pareja Hathaway/Bonham Carter, quienes pueden volverse muy fastidiosas en sus papeles previos, y que aquí se reivindican. Los verdaderos protagonistas, Mia Wasikoska y Johnny Depp cumplen sin brillar. Andrew Scott está presente en una especie de cameo, pero faltó más de él. Finalmente, la presencia de Danny Elfman en el film es impalpable.

Aunque falta de corazón, hay que decirlo, la película no es una pérdida de tiempo.

Sigan en sintonía.    

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