Burn the witch

Estrenada en el Festival de Sundance en enero de 2015, The Witch es dirigida por Robert Eggers, novel director norteamericano que encabeza los créditos del film coproducido por EUA, Canadá, Reino Unido y Brasil. Actúan Anya Taylor-Joy (Thomasin), Ralph Ineson (William), Kate Dickie (Katherine, Lysa Arryn de GOT), Harvey Scrimshaw (Caleb), Ellie Grainger (Mercy) y Lucas Dawson (Jonas).

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Ambientada en Nueva Inglaterra en 1630, arranca con el exilio de la familia compuesta por los padres y cinco hijos, quienes parten fuera de la comunidad para vivir en el exterior, en el bosque. Es preciso señalar que la causa, apenas sugerida, es una disyuntiva religiosa. Ya fuera, la vida se le complica de sobremanera a la familia, luego de que el miembro más joven del grupo sea robado frente a los ojos de su hermana Thomasin.

Desde el principio, The Witch puede separarse casi en su totalidad de un gran número de cintas de espantos, en las que abunda un maniqueísmo obsceno, el susto barato y un cúmulo de recursos gastados. Y esto es precisamente, lo que no encontraremos en la ópera prima de Eggers.

Con una sutileza soberbia, la película se desarrolla en una sucesión de angustiosas escenas, con un muy pulido lenguaje cinematográfico: tomas extensas y pausadas que destellan una iluminación equilibrada, con un timing perfecto entre lo que se debe ver y lo que solo debe ser sugerido, y una musicalización precisa, sublime (apunten este nombre: Mark Korven), solo comparable con los desgarradores silencios que amplifican el nivel de ansiedad en el espectador.     

Y si en lo técnico se luce, las actuaciones están a la altura. Ayudados por un excelente guión, los diálogos entre la atormentada familia nos convencen de estar observando un hecho específico en un tiempo diferente, donde las ideologías eran distintas, mucho más arraigadas y por ende, peligrosas. Los niños ejecutan sus líneas con una seguridad increíble, pasmosa, sobre todo considerando el tono del film, que no decepciona al más exigente cinéfilo. La protagonista, Anya Taylor-Joy, es un verdadero talento, así como su compañero Harvey Scrimshaw, quienes nos regalan un par de momentos perdurables.

La principal fortaleza en The Witch, es su ausencia de moralidad. En su planteamiento no existe un mensaje definido, hay múltiples lecturas y una gran apertura hacia los temas; es un film sobre la humanidad, las tradiciones, las creencias, la naturaleza y lo que trasciende a ella, pero sin caer en el absurdo, gracias en parte a su abundante simbología y a la inserción oportuna de elementos propios de un realismo mágico (teñido de sangre).

Con secuencias que quedarán marcadas en la memoria de quienes sean seducidos por ella, The Witch es un cuento de hadas moderno, uno que podremos contarnos noche tras noche ya sea para asustarnos o para alentarnos. Una larga espera que valió la pena. Amén.  

Sigan en sintonía.

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