El cine: un arte de posibles

Su nombre real es Jorge Loriga y nació en Madrid, España, en 1967, pero en el ámbito literario es conocido como Ray. Este escritor, guionista y director de cine español ha destacado en el mundo de las letras por su particular e inconfundible estilo narrativo. Debutó como escritor en el año 1992 con su novela Lo peor de todo, la cual fue un éxito entre el público y la crítica, además fue considerada un ejemplo de la literatura de la llamada “Generación X”.

Ray Loriga

En 1997 se convirtió en director con la película La pistola de mi hermano, adaptación de su novela Caídos del cielo.

Actualmente está de visita en México y ha participado en festivales y encuentros literarios en Xalapa y Puebla. Su último libro se titula Za Za, emperador de Ibiza y en entrevista nos habla de su proceso creativo, el cine y sus aficiones.

¿Cómo es tu proceso creativo para escribir? ¿Dónde están tus musas?
Empiezo por un tono antes que por una historia, por una melodía, un rumor, es algo que siento, vas buscando y digo “creo que ésta va a ser la melodía” y empiezo a imaginar qué situaciones, qué personajes, normalmente siempre sale un personaje principal que precisa de otros personajes para moverse, para existir y se van poniendo las bolitas, como en el árbol de Navidad.

De autor a director, ¿qué es lo más difícil de hacer cine?
El cine es la practicidad. El cine es un arte de posibles, así como en la literatura el límite es tu talento; en cine es una cuestión de practicidad, necesitas un presupuesto, un equipo, un público determinado, una sala de cine o un mecanismo para exponerlo y todo eso reduce mucho la capacidad de soñar y decir “puedo hacer esto”, vas viendo un poco más qué sería posible hacer dadas las circunstancias de cada una de nuestras cinematografías, por ejemplo. En el cine te vas metiendo por caminos, que a veces de tan angostos producen más creatividad, no es que sean malos, pero es un arte de posibles.

¿Los héroes nacen, se hacen? ¿Son necesarios? (Pregunta de Wendy Pardo, de Subterráneos)
Los héroes no existen, se sueñan. En la medida de los sueños sí, porque necesitas protecciones aunque sean imaginarias para vivir, no sólo para la adolescencia. A veces encuentras cosas incluso que no habías soñado que se parecen endiabladamente a tus sueños o los mejoran, pero mientras eso no suceda, los héroes soñados funcionan.

En tu último libro hablas de la droga de la felicidad, si pudieras diseñar tu droga perfecta, ¿qué efecto tendría?
Yo la tengo, se llama Real Madrid.

About Leticia Zwittag

Comunicóloga, escritora, excolaboradora de La Mosca en la Pared, fotógrafa. Fanática de NIN, fiel lectora de Ray Loriga y Frédéric Beigbeder. Ama los gatos y los alfajores.