Dos Formas diferentes de entender el lenguaje secreto del erotismo

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Alberto Olmos ha escrito seis novelas, las cuales han obtenido cuatro premios de literatura, así como el reconocimiento de la crítica de su país, España. Luego de estudiar tres años en Japón, experiencia que lo llevó a escribir Trenes hacia Tokio, El talento de los demás y Tatami, llevada al teatro y traducida al italiano. En 2012 la revista Granta en español lo eligió como uno de los mejores narradores jóvenes en lengua castellana.

En un trayecto de catorce horas de distancia, un viaje  en avión a Japón es donde ocurre la novela Tatami, de Alberto Olmos. Olga, quien se encuentra en una eterna lucha entre su escote y el tamaño desmedido de sus pechos se dispone a enseñar español y explorar el mundo oriental. Durante el vuelo, Olga se sentirá invadida por su compañero de viaje que no deja de ver su escote. Ni la película del avión ni la dejan huir de la situación. Por propia causalidad-casualidad comienza la conversación. El extraño mirón se llama Luis y también enseñó español en Japón, Olga sin darse cuenta  ha caído en la desmedida conversación de su compañero de vuelo. Una plática sobre el erotismo, la sutileza de la perversión y la encarnación del deseo placentero de observar cuerpos  desnudos que se autoexploran buscando los espasmos relajantes que te dejan la piel eriza y el cuero sensible.

¿Cómo fue la experiencia al escribir Tatami?
Fue una experiencia satisfactoria como pocas, pues escribí la novela en un plazo de tiempo muy breve, y no por la propia cortedad del libro, sino porque sabía perfectamente lo que quería contar y me vi disparado hacia la conclusión. También ayudó el hecho de que el libro esté escrito casi íntegramente en forma de diálogos.

Respecto al erotismo del libro, hay que tener en cuenta que todo el relato de los escarceos amorosos del personaje central se presentan en forma de confidencia con una desconocida, por lo que de manera natural no me estaba permitido incurrir en obscenidades ni en una expliclitud excesiva. También es verdad que, si algo hay sutil en Japón, es todo el entorno del sexo.

¿Cuáles fueron los retos a superar? 
No siempre se enfrenta uno a “retos” al escribir una nueva novela, aunque es conveniente. En este caso, se trataba de la primera novela que escribía en la que el narrador era una mujer. No lo vi como un gran impedimento, más bien como un estímulo.

¿Cuál fue el proceso para desarrollar a Luis?  
Plagiar. Vi algunos personajes estrambóticos por ahí –el lector puede llegar a detectar las influencias– y agrupé características particulares de cada uno; también añadí algunos componentes de mi propia cosecha, por eso de la originalidad.

¿Qué hace bellas a las personas?
La cirugía. La madre naturaleza. La risa.

Tatami¿Qué opinas de la novela Lolita, de Nabokov?, tu novela ¿se trata de una reflexión más arriesgada que Lolita? Al menos así lo siento. 
Es muy halagador que veas Tatami más arriesgada que Lolita, si bien es poco probable que la Historia vaya a darte la razón. Yo escribo para publicar en una época en la que pocas cosas resultan arriesgadas, pocos temas narrativos. Lolita provocó un escándalo; hasta Flaubert provocó un escándalo ya sólo con meter a una señora en un carruaje. Lo mío ha provocado una obra de teatro, que se representó en San Sebastián ante varias decenas de señoras.

¿Cómo fue desarrollar un acto morboso y perverso para convertirlo en erotismo? 
El mirón lleva a cabo una práctica esencialmente erótica, de modo que no tuvo uno que desarrollar demasiadas cosas para dotar de salacidad a ese ejercicio vecinal. Seguramente todo lo erótico es morboso y perverso, aunque no todo lo morboso y perverso sea erótico, o eso espero.

¿Cuál fue la experiencia de ver tu novela llevada al Teatro?
Verlo fue muy emocionante y, a la vez, bochornoso: uno se sentía más culpable de la obra de teatro que de la novela, pues tenía al público al lado viéndola. Daba vértigo ver a unos personajes que no tenían rostro ni movimiento ni fisicidad tomar de pronto un escenario y hacer sonar mi literatura.

 ¿Con qué se va a enfrentar el lector? 
Ya el título remite al contexto nipón, y ciertamente en la novela hay mucho material cultural japonés –pero sin turismo–. El tema central es el vouyerismo, entendido como una de las bellas artes. También espero haber propuesto en el libro una mirada distinta sobre los géneros, el intercambio de roles sexuales y la soledad del inadaptado.

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