The Debt

Por: Khalil Gibran G.

Cada producción cinematográfica, clásica o contemporánea, que vale la pena mencionar cuenta con al menos un nombre idóneo como punto de partida para crearse un juicio sobre las virtudes de la misma. En The Debt (a.k.a. Al filo de la mentira), el punto de partida es Mathew Vaughn.

Quizás la referencia más próxima al señor Vaughn entre la comunidad cinéfila medium-rare sea el clásico contemporáneo Kick-Ass, donde sirvió admirablemente como director; o para los cinéfilos empedernidos, los títulos Lock, stock & two smoking barrels (1998) y Layer cake (2004), donde tomó el papel de productor y director, respectivamente, quizás digan más sobre este personaje.

En The Debt míster Vaughn, sin renunciar a su puesto como productor, se apropió la pluma para dar vida a un trío de ex agentes del Mossad quienes tras un abrupto suceso durante una misión en la Alemania de posguerra se ven envueltos en una trama que oficialmente fue consumada en 1965, valiéndoles el respeto de su nación y la admiración de las nuevas generaciones, pero que en el presente de finales de los noventas nuevamente toma peso en la vida de los personajes cuando uno de ellos comete suicidio. O lo que es lo mismo, tres ex agentes del Mossad Al filo de la mentira, como lo plantearían los traductores del castellano desgraciando tres cuartas partes del plot y la sencilla pero sutil relación intertextual que tiene el breve título en su inglés original con el tratamiento del tópico y la trama que maneja este franco manojo de planos y secuencias decentemente acomodados.

Bajo la dirección de John Madden (Shakespeare in love, Captain Corelli’s Mandolin y otro churro americano con un Mickey Rourke post-crisis haciendo labor de antagonismo) The Debt logra ese halo de sobriedad suspensiva que en su día Spielberg logró evocar modestamente con Münich: guión y estructura dignos, subtramas justificadas, secuencias de acción (aunque en menor cantidad) verosímiles, actuaciones admirables (de apellidos Mirren, Wilkinson y Hinds; este último quien por cierto también colaboró en Münich) y una buena cinematografía a cargo de Ben Davis, fotógrafo de cabecera del señor Vaughn. Aunque, por desgracia habrá que mencionarlo, padece ciertos baches (a criterio personal) en el trabajo de caracterización que de cierta manera afectan la temporalidad de la trama, logrando incluso rosar en lo improbable dentro del universo dado, sobre todo en lo que compete al personaje interpretado por el respetable Jesper Christensen (a quién usted recordará como uno de los antagonistas en la última versión de la franquicia 007). Sin embargo, es admirable el trabajo en la dirección de arte, pendiente incluso del acento de los personajes, o al menos parcialmente exenta de sucias mañas hollywoodenses como la de imponer el inglés americano como motor verbal sin importar el contexto espacio-temporal donde se desarrolle la acción.

The Debt, difícilmente podrá ser considerada un must de su género, sin embargo goza de elementos que le otorgan una graduación cualitativa por encima del churro dominguero de a dos por quince. Si sus gustos son, estimado lector, los dramas post-bélicos de espías con más pluma que puños, los 113 minutos de entretenimiento comercial calificado que esta película le ofrece deberían dejarle satisfech@ sin mucha dificultad.

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