Ivonne Ledezma deshoja el insomnio…

Ivonne G. Ledezma nació en Torreón, Coahuila. Es autora del poemario Deshojar el Insomnio, publicado en la tercera serie de la colección Siglo XXI de la Universidad Autónoma de Coahuila (2010). Fue becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Coahuila en el área de poesía y es fundadora del colectivo independiente Nit. Poemas suyos han sido incluidos en diversas antologías en México y en el extranjero.

En esta entrevista, Ivonne nos habla sobre su musa, el desamor, la muerte y, por supuesto, sobre su libro.

¿Cómo nace tu poemario?
El insomnio ha sido una constante en mi vida; va y viene por temporadas, a veces es don y otras maldición. En ocasiones llega solo, pero también lo busco porque la noche es mi “hábitat” ideal para vivir, para observar, para pensar y para escribir. Para mí este poemario es la consecuencia natural de muchas noches transcurridas en comunión con la poesía, tanto al leer o repasar los textos de los autores a quienes considero mis guías y compañeros en el insomnio, como escribiendo o recreando historias propias o apropiadas, porque el libro es en cierta forma un cuaderno de apuntes: cada texto es la constancia de una vivencia que al llevarse al papel se ha vuelto eterna o ha sido exorcizada. Hablando un poco más del proceso “técnico”, no me propuse un tema ni una fecha para escribir los textos que lo integran, de hecho algunos tenían varios años, otros surgieron justo antes de enviar el libro a dictamen. Pero tampoco es algo improvisado, hay una relación entre cada poema y cada apartado, lo veo como el fruto de un proceso lento pero necesario.

¿Es difícil, hoy en día, dedicarse a la poesía?
Para mí la poesía es elemental, es parte de mi forma de encarar al mundo, la única bandera que defiendo, el ancla que me sostiene entre las tempestades. Conforme el escenario en el que vivimos se descompone, la poesía no pierde luz. Entonces lejos de volverse difícil, buscarla se vuelve todavía más necesario, más natural.

¿Dónde suele estar tu musa?
En la vida. Don Fernando Martínez Sánchez, un escritor genial a quien le debo haberme guiado cuando elegí seguir el llamado de la poesía, nos decía en su taller que se puede escribir poesía de cualquier cosa que uno desee, siempre y cuando la conozca a fondo, la experimente. Conozco a poetas que dicen “voy a escribir de tal o cual cosa” y lo hacen de maravilla; pero en mi caso la escritura viene más bien como consecuencia de lo que vivo; aunque claro, no siempre es una escritura literal. Por otro lado, la música me influye de manera tremenda para escribir. Cuando una canción me hace clic se vuelve parte de mí y puedo escribir a partir de ella; varios de los textos de “Deshojar…” nacieron así.

¿Por qué son la muerte y el desamor temas recurrentes en tu obra?
Por un lado, es parte de ver todo como una dualidad: todo lo que nace muere, y eso incluye también al amor. Por otra parte, hablando de la muerte en particular, de por qué la incluyo tanto, quizá se debe a que la transición de la muerte siempre ha ejercido sobre mí una cierta fascinación, por tratarse de una certeza y a la vez ser imprevisible. No suelo hacer planes a futuro y, sin embargo, hace tiempo que elegí mi epitafio, me lo tatué y compré un servicio de cremación. Y no es que esté deseando morir, sino que de cierta forma es para lo único que creo estar lista desde hace muchos años, porque he disfrutado la vida. Al mismo tiempo, desde niña, me he peleado con la idea de ver morir a quienes quiero, es uno de mis más grandes miedos. Supongo que traer tanto a la muerte entre mis letras es una forma de tener presente lo que espero y lo que temo, para reconocerlo cuando llegue. En cuanto al desamor, los poemas de “Deshojar…” que tienen ese tono fueron, como dice uno de los textos, mi manera de decir adiós a un amor que fue grandioso, pero al mismo tiempo comparable a una creatura de varias cabezas; concluyó y en su momento parecía insuperable, escribir sobre ello fue parte de mi proceso de reconstrucción.

Desde tu punto de vista, ¿qué se requiere para ser poeta?
Leer. Eso también nos lo decía siempre don Fernando y, en concreto, si quieres escribir poesía, lee poesía. Abundan las personas que escriben lo que sienten, pero si no toman la lectura del género como parte de su quehacer, se refleja en la pobreza de los textos, en el abuso de lugares comunes, en la falta de un estilo propio, o de las bases “ritmo-imagen-emotividad”.

¿Cómo deshoja Ivonne Ledezma el insomnio?
Con literatura y con música. Para la primera, en los últimos meses me ha dado por escuchar con luz apagada discos de autores leyendo algo de su obra: Cortázar, Enriqueta Ochoa, Rubén Bonifaz Nuño, Alí Chumacero, Eduardo Lizalde, Fabio Morábito. Mi otro “deshojador” (y el más constante si sumo todos mis insomnios) es la música; más allá de todo lo que me gusta siempre tengo muy a la mano ciertos discos de The Doors, PJ Harvey, Radiohead, The White Stripes y The Kills.

Tienes un colectivo llamado Nit, platícame un poco de este proyecto.
Estamos por cumplir 9 años con el colectivo, en marzo, y a la vez atravesamos un periodo de transición. Nit (“noche” en catalán) nació con un tríptico del mismo nombre que publicamos de manera periódica, mensual, hasta el año pasado; cerramos el ciclo con la edición número 100, nos pareció una manera correcta de hacerlo porque en cierta forma fue volver al número 1. Otra constante del grupo ha sido la organización de lecturas de poesía sonorizadas, aunque el año pasado fueron mínimas principalmente por la inseguridad: siempre hemos hecho eventos por la noche y la gente no quería o no podía salir de noche, ya fuera por temor, precaución, o la dificultad para conseguir transporte. Incluso un par de veces pospusimos, o más bien suspendimos, el plan de algún evento porque acercándose la fecha pasaba algo y la gente se “guardaba”, salía para lo básico. Por otro lado una de las cabezas del colectivo, Paulo Gaytán, se fue a vivir a otra ciudad, y desde que supimos que se mudaría empezamos a plantear la manera de continuar con el proyecto, que después de todo siempre ha estado integrado por gente de todas partes. Así, empezamos a trabajar más en proyectos audiovisuales. No estamos sacando el tríptico pero arrancamos la edición de pequeñas calcomanías para promover la poesía de nuestros autores favoritos. Queremos lanzar una serie de carteles también con poesía e imagen; estamos trabajando en audios y videos con obra propia, y además llevamos algunos meses trabajando en un proyecto videográfico del que sólo se ha enterado la gente que va participando, no queremos decir más pero es algo que teníamos años queriendo hacer y esperamos que tenga un buen resultado. Y claro, siempre que se pueda seguiremos haciendo presentaciones en vivo, pero de momento serán más bien esporádicas. Para contactarnos nos pueden buscar en: Facebook.com/colectivonit.

¿Qué crees que le falta a México para crecer en el ámbito cultural?
Uff… si entramos en detalles son muchísimas cosas… De entrada hay un impactante sector de la población que sobrevive con carencias terribles, y si la gente no tiene con qué comer o dónde dormir, difícilmente va a mostrar interés por la cultura, ni por nada. Pero muchos otros no enfrentan ese panorama y aun así no muestran un interés de forma activa, que es lo que más hace falta. Muchos se quejan de la falta de apoyo o de presupuestos oficiales, de la apatía o el cinismo de los políticos y sí, claro que afecta; pero quien se interesa por algo, logra llegar a ello. Es algo de lo que la experiencia de Nit me ha enseñado: el interés, la voluntad propia, son el motor para que se mueva la cultura. Si quieres acercarte a alguna rama del arte como espectador, siempre encontrarás opciones porque hay mucha gente llevando su propuesta, difundiéndola de algún modo. Si como creador quieres que la gente sepa lo que estás haciendo no te sientas a esperar que alguien te diga “yo te apoyo”, buscas los caminos para acercar a los demás lo que haces, para poner tu aporte y tratar de que las personas puedan acercarse a tu propuesta.


About Leticia Zwittag

Comunicóloga, escritora, excolaboradora de La Mosca en la Pared, fotógrafa. Fanática de NIN, fiel lectora de Ray Loriga y Frédéric Beigbeder. Ama los gatos y los alfajores.