El primero de tres, Ciudad de Cristal por Paul Auster (City of Glass)
–Cualquier cosa a cambio de encontrar la verdad. Ningún sacrificio es excesivo.
El norteamericano Paul Auster es considerado tajantemente como el escritor del azar y de la contingencia fuertemente influenciado por Kafka y Beckett. En su juventud tradujo poesía francesa y fue también poeta, antes de lanzarse por completo a escribir su primera novela publicada en 1976, Jugada de presión. Pero no destacaría hasta escribir “La Trilogía de Nueva York”: Ciudad de Cristal, en 1985, seguida por Fantasmas y la Habitación Cerrada, en 1986.
Ciudad de Cristal es con la obra que abre la trilogía neoyorkina en dónde Daniel Quinn, un escritor de novelas policíacas y de misterio, comienza a recibir una serie de llamadas telefónicas muy inusuales en donde el interlocutor llama a Paul Auster, un detective privado a quién le pide de sus servicios para protegerlo de una persona que quiere matarlo. Quinn, entre curioso y conmovido, decide personificar al desconocido detective Paul Auster, que lo lleva a conocer a un pálido poeta que cuenta una historia aterradora que nos narra “la verdadera lengua de los hombres”, aquella que olvidaron tras la construcción de la torre de Babel, que da inicio al escabroso triller narrativo, en dónde las palabras, la narrativa, y todo el fenómeno del habla y la escritura tienen un peso importante en las reflexiones de los escritores solitarios protagonistas de Ciudad de Cristal.
Un juego narrativo en el cual el lenguaje y la falta del mismo son el objetivo del asesino. Estos hechos escabrosos de la mutilación de la lengua nos llevan a objetos sin rostro, un mundo vago sin definición, personas que no existen, nombres falsos, personajes irreales, multitudes que se encierran, gente que desaparece, todo que no podremos llegar a ser, detectives con nombre de autores y los autores que se creen detectives llegan a un final que no solucionará nada.
-Ahora Quinn estaba perdido. No tenía nada, no sabía nada, sabía que no sabía nada.






