Fin de semana de VIVE LATINO

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VIVE LATINO. SÁBADO 27 DE JUNIO

El Vive Latino no resultaba muy inspirador este año, sin embargo, había un plus que sonaba llamativo: La Carpa Intolerante.

Decidir entre Los Gatos, Dirty Karma, Un Mexicano Enojado y Alonso Arreola fue fácil y a la 1:30 pm estábamos instalados para escuchar a los nietos de Juan José. La propuesta de Alonso, en la que participan su hermano Chema, Alex Otaola y Gerry Rosado, entre otros, es más que interesante y, aunque no faltaron sus comentarios soberbios del estilo “cómo es posible que en la banda de un bajista el bajo no suene bien”, el show –que tuvo como invitado a Jaime López– resultó bastante disfrutable.

Permanecimos en la “carpa” para escuchar a Desarmado, quien se presentó por primera vez en el Vive Latino y nos regaló una probadita de su primera producción. Luego corrimos para escuchar un par de canciones de San Pascualito Rey, banda que tuvo lugar en el escenario principal y además se aventó un palomazo con Rubén Albarrán. La banda cantó cada una de sus canciones a pulmón herido y sus fans dejaron claro que de este grupo podemos esperar aún mucho más.

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A las 4 pm Fratta actuó en el escenario rojo, el más cómodo de todos e ideal para el picnic. También era su primera vez en este festival y la respuesta de la gente fue espectacular. Fratta complació a su audiencia con “Angelitos negros”, en compañía de Julio Díaz, Santiago Ojeda, Diego Maroto, Monserrat Revah y María Urtuzuástegui.

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De vuelta al escenario verde para brincar con Kinky, es impresionante cómo vibra el piso, sobre todo cuando interpretan “¿A dónde van los muertos?”. Un espectáculo excelso, como siempre, en el que destacan los jugueteos que hacen con una cámara personal que recorre el escenario regalándonos extrañas tomas de los integrantes.

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En el escenario rojo pudimos escuchar a La Vela Puerca, su música potente llenó a la gente de energía. Un concierto donde la banda se puso pesada, y no la musical, sino los espectadores que gritaron y brincaron hasta caer rendidos o correr despavoridos para ver al siguiente grupo.

Los asistentes al Vive, a eso de las 8 de la noche, andaban desparramados por todos lados, unos se quedaron en el escenario verde a ver a Zoé y a Jaguares, otros prefirieron irse al rojo para escuchar a Marky Ramone, algunos más se quedaron perdidos en Disco Ruido, y otros votamos por Los Dorados, cuya demostración de su pulcro progresivo nos dejó satisfechos.

Andrés Calamaro fue la cereza del pastel. Curioso es el hecho de que mientras algunos lo aman, otros lo detestan. Sin embargo, su presentación fue un éxito, el escenario verde estaba completamente lleno, hasta las gradas. Cerró con el conocido tema “Sin documentos”, de Los Rodríguez, banda a la que perteneciera Calamaro.

VIVE LATINO. DOMINGO 28 DE JUNIO

La suerte del sábado, del cielo despejado y el buen clima, no se vivió el domingo. Poco antes de las tres de la tarde un torrencial aguacero bañó a la multitud, excepto a los que estábamos refugiados en la Carpa Intolerante –la cual estaba techada– gozando del ritmo gitano de la Petra. Al terminar, Alejandro Otaola y sus Fractales inundaron el lugar. Nos regodeamos durante media hora con música para viajar y perderse en la densidad del aire, guiados por las luces musicales de una guitarra.

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Los Esquizitos, en el escenario verde, fueron la decepción del Vive, sin Güili Damage ya no es lo mismo, tras un sonido pésimo, “Pum pum, bang bang”, el mejor tema de esta agrupación, quedó destrozado con una voz que simplemente no alcanza la carraspera del Damage y, para colmo, el nuevo vocalista ni siquiera se sabía la canción y se la pasó leyendo una hojita. Quedarse a ser testigo de esta decadencia no estaba en los planes, así que mejor buscamos algo para comer, mientras en la Carpa Intolerante Silverio enseñaba sus calzones rojos y nos causaba náuseas (aunque fue sorprendente su poder de convocatoria). A las 6 de la tarde, en la “carpa”, fue el turno de Cabezas de Cera, quienes, aún con las fallas de sonido que no abandonaron las cuerdas de Mauricio Sotelo, salieron victoriosos con sus temas experimentales y sonidos arrancados de instrumentos fabricados por Francisco Sotelo. Alcanzamos un par de canciones de La Gusana Ciega y División Minúscula, en el escenario verde, grupos que también tuvieron dificultades con el audio, pero que con todo y los problemas técnicos pusieron a cantar a sus fans.

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A las 7:30 pm llegué al escenario azul para conocer en vivo y a todo color a Adanowsky –el controversial hijo de Alejandro Jodorowsky–, acompañado de la banda francesa Gush. Su espectáculo es sublime y provocador. Arranca con un presentador elegantemente vestido que da pie a un juego entre lo teatral y la improvisación que nos dejó ligeramente aturdidos gracias al desnudo completo de Nicoletta (el presentador vestido de colegiala con senos inflables y peluca rubia). Adanowsky logró tal comunicación con sus seguidores que estos obedecieron sus indicaciones y no sólo gritaron hasta quedar sin voz, sino que terminaron literalmente de rodillas. Si bien su disco nos deja entrever la locura creativa de Adán, a través de su juego de letras insurrectas fondeadas con ritmos cabareteros, sus conciertos son toda una vivencia que es necesario presenciar.

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Guillotina, por su parte, en el escenario rojo demostró que rock mata pop y dejó más que claro que cuenta con una muy fiel legión de fans que corearon cada uno de sus temas.

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Finalmente, la noche de domingo cerró con la música de los Fabulosos Cadillacs, grupo que –como ya es costumbre– ofreció un concierto que prendió al más apático y nos hizo olvidar las gotas de lluvia que caían sobre nosotros.

Fotos: Leticia Zwittag

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