Radiohead… El Domingo. Primer Concierto

PREÁMBULO
El día de la bestia… o de la radiocabeza, para ser más específicos
Desde que el rumor se desató, México se volvió loco y las expectativas crecieron de una manera inesperada. Nadie podía creer que fuera cierto, que, luego de largos años de espera, estarían en nuestro país.
Y, sí, el rumor resultó más que cierto y el pueblo entero se conmocionó cuando Ocesa puso a la venta, en el mes de noviembre, los boletos para los conciertos que Radiohead ofrecería en el Distrito Federal. Cuatro meses de agonía y desesperación pasaron como agua entre los dedos. Marzo llegó con sus jacarandas y su insipiente primavera. Pero nadie notó las banquetas teñidas de morado ni el calorcito que comenzaba a filtrarse por las ventanas. Nadie supo nada, excepto que el 15 de marzo era domingo y ese día sería el primer concierto.
DOMINGO
La llegada
El Foro Sol albergaba a miles de personas y pudo atragantarse con las ilusiones, a flor de piel, de los fans que se reunieron en sus instalaciones para entregarse de lleno a la música del grupo más esperado de la historia.
Desde un día antes, muchos seguidores de la agrupación acamparon a un lado de las puertas con la ferviente esperanza de estar en primera fila para ver a Thom Yorke tan cerca como fuera posible. Contrario a lo que todos pensamos, el Foro Sol no estaba a reventar, hubo mucha gente, pero definitivamente no tanta como se esperaba. Las gradas estaban llenas, eso sí, no había un solo hueco que interrumpiera la “ola” con la que los asistentes se entretuvieron mientras el show empezaba. ¡Y vaya ola! Los ires y venires de la gente recorrieron de punta a punta la zona.
We are the robots
Luego de un recorrido larguísimo entre la puerta de entrada y el acceso a la zona de confort, entre terracería y oscuridad, la gente se instalaba poco a poco para escuchar a Kraftwerk, la banda abridora, que a las 8 pm inició su presentación. Si bien muchos se quejaron de esta “atrocidad”, al grito de “cómo es posible que una banda que ha hecho historia se convierta en un abridor”, no les quedó más que disfrutar sus 40 minutos de concierto.
Los alemanes y su electrónica vanguardista, acompañada de extrañas imágenes retro, pusieron a corear a los asistentes, muchos de los cuales fueron específicamente a conocer a dicho grupo, cuya influencia dio pauta para la creación de un nuevo género musical, al ser los primeros en hacer música a partir de la utilización de instrumentos electrónicos. Sin embargo, la mayoría no se percató de su presencia ni la de los robots que los suplieron en una parte del espectáculo y se limitaron a esperar impacientes el arribo de los ingleses o a recolectar vasos de cerveza para crear plataformas que les permitieran ver el concierto a una mejor “altura”.
My iron lung
A las 9:31 pm las luces se apagaron, luego de media hora de un monótono reggae que aturdió a más de uno, y “15 step” se dejó escuchar. En el escenario, ante los incrédulos ojos de los mexicanos, estaban Thom Yorke (voz), Ed O’brien (guitarra), Jonny Greenwood (guitarra), Colin Greenwood (bajo) y Phil Selway (batería).
Apoyados con un impresionante set de iluminación (ecológico) que pintaba de múltiples colores el escenario, Radiohead nos ofreció un paseo por su energética nostalgia.
Las luces iban del más intenso naranja al magenta y el cyan, la música envolvía a los absortos escuchas que oían, a ojos abiertos y cerrados, temas como: “Airbag” y “There there”. Las lágrimas fluyeron con “All I need” y “Nude”, ojos cristalinos perdidos en el escenario. Siguieron “Arpeggi”, “The gloaming”, “National Anthem” y “Faust Arp”.
El sentimiento afloraba con cada tema, la gente lucía tranquila, entregada. La actitud de la banda fue un tanto fría, sólo dirigieron algunas palabras al público –un “gracias” en español que casi provoca un desmayo colectivo–, pero a nadie parecía importarle, bastaba que Radiohead tocara para extasiar a los escuchas.
El sonido fue inmaculado. La voz de Thom Yorke estremeció con “No surprises”. “Jigsaw falling into place”, “Lucky”, “Reckoner”, “Optimistic”. Radiohead jugó con la emotividad haciéndolo pasar de la tristeza a la euforia con singular tranquilidad.
Siguieron “Idioteque”, “Fake plastic trees” y “Bodysnatchers”. Las luces se apagaron y el silencio nos invadió. Todos nos mirábamos absortos, pensando que esto no podía ser todo. Las luces continuaban apagadas. Los nervios a flor de piel y el primer encore arrancó con “Videotape”, Radiohead nos preparaba despacito para arrancarnos el alma de un solo golpe con “Paranoid android”. El público permanecía quieto, sin empujones ni escándalo. Todos meciéndose al ritmo de las hipnotizantes luces, cautivados por “House of cards” y “My iron lung”. El primer encore llegó a su fin con “Street spirit”.
Todos los ahí presentes queríamos más, dos horas de concierto no eran suficientes, más más más… Aunque no faltaron los desubicados que se salieron para “alcanzar metro”, ¡¡¡¡por favor!!!! Para los que nos quedamos era necesario tener más, lo deseamos y nos fue concedido. Un segundo encore con “Pyramid song”, “Just” y “Everything in it’s place”… En la pantalla que se formó con los cilindros de luz se leía “everything”… Y con el destello de esa envolvente palabra la noche nos tragó, junto con las luces del escenario y la voz de Thom Yorke resonando lentamente en los huecos de memoria. No hubo más. De pronto, como si nos hubieran desenchufado, volvimos a la realidad…







