06.26.08
Jay-Jay Johanson, una voz que narra historias cargadas de sentimiento
Luego de su participación, en diciembre del año pasado, en el festival Sonofilia –al lado de Björk–, el sueco Jay-Jay Johanson visitó la capital de nuestro país.
El concierto tuvo lugar el 23 de mayo en el Covadonga, bar ubicado en la colonia Roma. La cita era a las diez de la noche, sin embargo, a esa hora aún había una larga fila para entrar. Mientras permanecíamos unos detrás de otros, en la oscuridad de una calle mortecina, pensamos que el lugar estaría a reventar… para nuestra sorpresa no fue así.
Cerca de las once de la noche la gente comenzaba a impacientarse, había que formarse (otra vez) para comprar cerveza y no había sillas ni nada parecido en el lugar, por lo tanto, hubo que esperar sentados sobre la alfombra escuchando la selección de unos DJ’s que nunca fueron presentados y se dedicaron a poner canciones que casi nadie conocía, lo que incrementó la desesperación entre los que nos moríamos de ganas por escuchar a Johanson.
A las 12:30 am (¡por fin!) el sueco apareció sobre el escueto escenario, acompañado de un tecladista, un bajista y un baterista, cuyos nombres no logré captar. Ya que la gente era poca pude colarme hasta la “primera fila”. Jay-Jay Johanson –vaso de whisky en mano–, aun con el pésimo equipo de sonido, dio un gran concierto.
A primera vista parece un beat prófugo de los cincuentas –delgado en extremo y desgarbado, con barba y el cabello ligeramente largo descansando sobre los hombros–, pero su talento musical deja a cualquiera sin aliento. Con esa penetrante voz y su música electro-depresiva, Johanson cautivó a los presentes con temas como “Tomorrow”, “She is mine, but I’m not hers”, “Believe in us”, “She doesn´t live here anymore”, “Rush”, “On the radio”, “Milán. Madrid. Chicago. Paris”, “It hurts me so” y “Quel dommage”, entre otras.
Desgraciadamente muchos de los asistentes eran del círculo “condechi-polanco” (y al parecer Jay-Jay se puso de moda entre esta gente) y los clásicos seudoartistas que siempre están presentes en todos los “acontecimientos culturales” sólo para ser vistos por la comunidad. Este tipo de personas lo único que hicieron fue estropear la presentación, pues se la pasaron hablando y echando desmadre como si estuvieran en un antro y no permitieron a los verdaderamente interesados disfrutar del show.
A pesar de todos los inconvenientes, la respuesta del público resultó satisfactoria, los fans se mostraron perceptivos y corearon buena parte del set list. A las 2 de la madrugada, hora en que terminó el evento, salimos al frío de las calles envueltos en una nostálgica atmósfera con las lágrimas a flor de piel y una triste tonada iluminando la noche de nuestros recuerdos.
foto: Leticia Zwittag
Tags: Jay Jay Johanson, México